Durante años, la fragmentación geoeconómica se ha considerado un riesgo potencial derivado de las tensiones entre grandes potencias. Hoy, ese riesgo se ha convertido en un coste tangible para la economía mundial.
Lo más relevante es que el fenómeno ya no se limita a la rivalidad entre bloques geopolíticos enfrentados. La fragmentación se está extendiendo a relaciones económicas históricamente estables entre socios y aliados, afectando cada vez más a los flujos de comercio, inversión y financiación internacional. Lo que antes era una excepción se está convirtiendo en una característica permanente del entorno económico global.
La incertidumbre se convierte en un coste para empresas y ciudadanos
La creciente fragmentación no solo afecta a gobiernos y mercados financieros. Sus consecuencias empiezan a trasladarse directamente a empresas, trabajadores y consumidores.
El aumento de aranceles y restricciones económicas está elevando los costes de operar e invertir a nivel internacional, al tiempo que incrementa la incertidumbre sobre las reglas que regirán el comercio global en los próximos años. Según las estimaciones del informe, las políticas de fragmentación actualmente en vigor podrían añadir entre 0,2 y 0,3 puntos porcentuales a la inflación mundial.
A medida que aumentan los costes y disminuye la previsibilidad, también se resiente el poder adquisitivo. El informe identifica impactos negativos sobre los salarios reales, especialmente en Estados Unidos, donde los trabajadores de todos los niveles de cualificación podrían experimentar pérdidas de capacidad de compra. Para las empresas, el principal desafío es navegar un entorno en el que las decisiones políticas tienen una influencia cada vez mayor sobre las decisiones de inversión y crecimiento.
Los mercados emergentes afrontan el mayor riesgo
Aunque ninguna economía quedará completamente al margen de esta tendencia, los mercados emergentes aparecen como los más vulnerables. Su mayor dependencia de los flujos internacionales de capital y el menor desarrollo de sus mercados financieros amplifican los efectos de un sistema global menos integrado.
Al mismo tiempo, el informe señala que iniciativas de integración regional, especialmente en África, podrían ayudar a mitigar parte de estos efectos. Proyectos como la Zona de Libre Comercio Continental Africana o los nuevos sistemas regionales de pagos representan ejemplos de cómo la cooperación regional puede fortalecer la resiliencia económica en un entorno más fragmentado.
Evitar una economía global más dividida
La fragmentación parece haber dejado de ser un fenómeno coyuntural para convertirse en una realidad estructural. Sin embargo, el informe concluye que sus efectos no son inevitables ni incontrolables.
La preservación de principios compartidos, la previsibilidad regulatoria, la interoperabilidad de los sistemas financieros y el fortalecimiento de los mercados regionales aparecen como algunas de las herramientas más importantes para limitar los daños económicos. La confianza sigue siendo uno de los activos más valiosos del sistema financiero internacional, y mantenerla será esencial para sostener el crecimiento, la inversión y la estabilidad en los próximos años.
La cuestión ya no es si la economía global será más fragmentada, sino cómo gobiernos, instituciones y empresas serán capaces de gestionar esa realidad minimizando sus costes y preservando las oportunidades de crecimiento.
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